Autoridad sin castigo. Guía para padres y educadores

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¿Qué es más importante para el educador, conocer al niño o la materia que se enseña En opinión de Enrique Díez Fernández, la base de toda educación es el amor por aquel a quien se enseña y se educa. Éste es el camino para comprender al otro, las técnicas, estrategias y metodología, aun cuando son básicas, resultan insuficientes si no se tienen los conocimientos psicológicos para captar y saber tratar los sentimientos del alumno. El proceso educativo es largo y requiere de paciencia. La labor del educador es crear lazos afectivos con el niño, es decir, una relación sana y sólida. La tolerancia hacia las travesuras de los pequeños es un signo de madurez y equilibrio por parte de los adultos. Nadie tiene derecho a castigar o corregir, á enseñar, a orientar al otro si no lo ama. La persona debe ser respetada, valorada, es decir, amada, por lo que es. Ninguna intervención en la vida de los demás está justificada, a no ser que se le ame. El buen padre o educador debe estar siempre dispuesto a detectar lo que sus hijos o alumnos necesitan, y dárselo. Pero esto no es fácil, a menos que se tenga armonía interna, serenidad espiritual, porque la educación no se basa en las formas sino en el fondo. El autor se propone que esta obra sirva para propiciar la reflexión y orientar a padres de familia y educadores acerca de la tarea de comprender el comportamiento humano. Cada capítulo es una faceta de la educación que puede ser analizada de manera personal o en grupo.El proceso educativo es largo y requiere de paciencia. La labor del educador es crear lazos afectivos con el niño, es decir, una relación sana y sólida. La tolerancia hacia las travesuras de los pequeños es un signo de madurez y equilibrio por parte de los adultos. Nadie tiene derecho a castigar o corregir, á enseñar, a orientar al otro si no lo ama. La persona debe ser respetada, valorada, es decir, amada, por lo que es. Ninguna intervención en la vida de los demás está justificada, a no ser que se le ame. El buen padre o educador debe estar siempre dispuesto a detectar lo que sus hijos o alumnos necesitan, y dárselo. Pero esto no es fácil, a menos que se tenga armonía interna, serenidad espiritual, porque la educación no se basa en las formas sino en el fondo. El autor se propone que esta obra sirva para propiciar la reflexión y orientar a padres de familia y educadores acerca de la tarea de comprender el comportamiento humano. Cada capítulo es una faceta de la educación que puede ser analizada de manera personal o en grupo.La persona debe ser respetada, valorada, es decir, amada, por lo que es. Ninguna intervención en la vida de los demás está justificada, a no ser que se le ame. El buen padre o educador debe estar siempre dispuesto a detectar lo que sus hijos o alumnos necesitan, y dárselo. Pero esto no es fácil, a menos que se tenga armonía interna, serenidad espiritual, porque la educación no se basa en las formas sino en el fondo. El autor se propone que esta obra sirva para propiciar la reflexión y orientar a padres de familia y educadores acerca de la tarea de comprender el comportamiento humano. Cada capítulo es una faceta de la educación que puede ser analizada de manera personal o en grupo.El autor se propone que esta obra sirva para propiciar la reflexión y orientar a padres de familia y educadores acerca de la tarea de comprender el comportamiento humano. Cada capítulo es una faceta de la educación que puede ser analizada de manera personal o en grupo.