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Partiendo del principio de que los centros históricos de Latinoamérica han sido los centros urbanos más importantes de su respectiva ciudad, Jorge Enrique Ardió (1992) plantea que el crecimiento urbano ha tenido un impacto negativo en estos, promoviendo la pérdida de las funciones tradicionales que los han caracterizado históricamente: administrativas, comerciales, culturales y bancarias; el desplazamiento de estas actividades genera problemas de marginalidad física, comercial y social; Bogotá, La Paz y Santiago de Chile son excepciones debido a que sus centros históricos continúan siendo plurifuncionales, pues retienen estos servicios. El fin de esta investigación es comprobar si realmente el centro histórico de Bogotá no ha perdido dichos servicios, elaborando un modelo urbano definido por Inés Sánchez de Madariaga (1999) como un método básico de investigación espacial para el análisis urbano- para simular los procesos de dispersión espacial de la actividad bancaria, abarcando el período entre 1950 y 2000.El fin de esta investigación es comprobar si realmente el centro histórico de Bogotá no ha perdido dichos servicios, elaborando un modelo urbano definido por Inés Sánchez de Madariaga (1999) como un método básico de investigación espacial para el análisis urbano- para simular los procesos de dispersión espacial de la actividad bancaria, abarcando el período entre 1950 y 2000.