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Mucho debieron haberse divertido los bogotanos en 1828, cuando se estrenó el sainete Las convulsiones, accidentado romance entre Crispina, niña mimada, cuyos arrebatos convulsivos solo se curan –qué curioso– con la presencia del amante, Cirilo, burlador flojo y haragán; Gervasio, el compinche celestino y don Gualberto, viejo marrullero y de armas tomar, participan en esta deliciosa gazapera, aliñada generosamente con muchos garrotazos.